Homo sapiens sapiens, ¿realmente tan inteligentes?

neuronaSi algo nos caracteriza como especie, es nuestra capacidad de inteligencia. Está claro que hacemos y creamos cosas que otras especies no hacen y explotamos los recursos para adaptarnos a ambientes y sobrevivir retando a la selección natural, a pesar de que quizás no todos poseamos la genética más apta, pero realmente ¿Somos la especie más inteligente?

Para responder, podemos plantearnos ¿Qué es la inteligencia? realmente, es un término que hemos acuñado y descrito nosotros, y que se centra en nuestras habilidades, a pesar de que hay especies con capacidades que nosotros no podemos ni llegar a soñar. Por ejemplo, las tortugas, capaces de volver a exactamente la misma playa donde nacieron, aunque se encuentren a cientos de kilómetros, para reproducirse. Posiblemente, tenga más “inteligencia orientativa” que nosotros.

Al margen de ello, es cierto y muy visible, que el hombre ha hecho cosas extraordinarias y que tiene una capacidad de aprendizaje y plasticidad cerebral únicas. De hecho, un chimpancé, a pesar de tener una esperanza de vida de 40-50 años, sólo tiene capacidad de aprender cosas nuevas hasta los 3 años. Lo que no haya aprendido en esa edad no va a ser capaz de aprenderlo ya. Un ser humano puede aprender algo nuevo hasta el último día de su vida.

Tripas Vs Cerebro

En el libro de los profesores e investigadores del Proyecto Atapuerca, Juan Luis Arsuaga e Ignacio Martínez Mendizábal, La Especie Elegida (1998), se trata un tema muy interesante que os resumo en este apartado. Es sobre el desarrollo evolutivo del cerebro en nuestra especie. Somos un primate, que para nuestro tamaño corporal tiene un cerebro grande. En relación a esta observación, en 1995, Leslie Aiello y Peter Wheeler propusieron una hipótesis que tiene una gran importancia para los estudios sobre la evolución humana. Esta hipótesis estudia qué, para aumentar el tamaño del cerebro, un órgano de alto coste energético de nuestro organismo, se necesita disminuir otro órgano de mismo coste de manera proporcional. Los órganos más energéticamente caros de nuestro organismo son el cerebro, el corazón, los riñones y el tubo digestivo + hígado. Los riñones y el corazón son órganos vitales que no tienen posibilidad de reducción si se quiere mantener los parámetros compatibles con la vida, pero el tubo digestivo, aun siendo lógicamente también vital, tiene una capacidad de reducirse, siempre y cuando la dieta se adecue y lo permita.

Los animales con mayor longitud y tamaño de los órganos del tubo digestivo, son los herbívoros, ya que la digestión de los vegetales es de procesamiento más lento y de más difícil asimilación, por lo que un intestino largo y un estómago muy desarrollado con diversas cavidades, les ayuda a sacar el máximo rendimiento a su dieta. Las proteínas y grasas de origen animal, sin embargo, son de fácil asimilación y proporcionan gran cantidad de energía en menor volumen de alimento, por lo que se pueden digerir en un tubo digestivo más reducido.

Ahora bien, para conseguir la carne se necesita: primero, un aparato masticador adaptado a cazar y rasgar la piel del animal, y segundo, mayor capacidad mental para atrapar a las presas, por ello los carnívoros son siempre animales de mayor astucia y estratégicos que los herbívoros. Esto nos lleva a la pregunta de ¿Qué fue antes, la mayor capacidad mental o la inclusión de carne a la dieta en los homínidos? Difícil pregunta, y aun no completamente esclarecida, sin embargo, algunos datos pueden llevarnos a optar por una solución. El aparato masticador del ser humano, no ha cambiado al perfil de carnívoros completos como los dientes de felinos y, seguramente, los homínidos utilizaron técnicas extracorpóreas, es decir, herramientas, para rasgar la piel y aprovecharse de la carne como alimento. Para crear estas herramientas, a la par, se necesita inteligencia, pero para aumentar el cerebro reducir el intestino y una dieta energética rica en carne. Yo me decantaría más por la incorporación de la carne en primer lugar, porque es lo más sencillo, si encuentras alguna técnica, aunque más burda de obtener carne, adquieres más energía y poco a poco se van seleccionando intestinos más cortos y cerebros más grandes. Este prototipo es efectivo, ya que estos homínidos serían los que más conseguían cazar y mejor alimentados, mayor capacidad de sobrevivir. En cualquier caso, no hay confirmación a día de hoy sobre qué ocurrió antes.

El homínido más cabezón

Probablemente, somos el homínido más afortunado y el que más ha podido sobrevivir para explotar los recursos que nos ha proporcionado La Tierra y nuestras habilidades cerebrales, sin embargo, existieron homínidos con mayor tamaño cerebral que el nuestro.

cráneo Homo neanderthal Vs Homo sapiens
Cráneo Homo neanderthalensis Vs Homo sapiensCredit: © Bruder / Fotolia

El Homo neanderthalensis, cuya línea evolutiva podría haberse asentado en Europa hace unos 500.000 años, tenía mayor volumen cerebral que el Homo sapiens actual. Los neanderthales tienen un volumen de 1520cm3 frente a los 1195cm3 nuestros.

El Sidrón
Restos fósiles de niño neandertal de 8 años, encontrado en la cueva El Sidrón, Asturias. Credit: Paleoanthropology Group MNCN-CSIC

Recientes estudios, publicados por el CSIC en España, en septiembre de 2017, con restos fósiles de individuos infantiles neandertales, han confirmado que su crecimiento cerebral y craneal es similar al nuestro, aunque se completa ligeramente más tardíamente. A la edad de 8 años, el individuo encontrado presentaba un 87,5% del tamaño cerebral total que le corresponde de media a su especie, mientras que en el ser humano a los 7-8 años ya se ha completado totalmente el tamaño cerebral. Otro dato curioso es que, morfológicamente, el cuerpo es similar al de un niño humano actual de la misma edad, salvo por el tórax que está menos desarrollado y correspondería a un niño de menor edad, de unos 5-6 años. Este hecho, se atribuye al ahorro energético del crecimiento, para poder destinar mayor energía al desarrollo del cerebro a costa de los órganos y esqueleto torácico.

¿El tamaño importa? Bueno, no exactamente, un cachalote tiene un cerebro 7-8 veces más grande que el nuestro y no supone que sea más inteligente, simplemente es acorde a su tamaño. De hecho, los neanderthales tenían un cuerpo más corpulento que el ser humano. No eran más altos, pero si más robustos y compactos, un cuerpo muy adaptado a ambientes más fríos donde menor superficie de exposición evita la pérdida del calor. También, posiblemente tuvieran una dieta más rica en grasas y carne animal.

El tamaño del cerebro va en relación con el tamaño corporal y los cerebros de personas de alta capacidad intelectual no tienen por qué ser más grandes. Mas bien, tienen determinadas áreas más desarrolladas, con más conexiones neuronales y mayor cantidad de neuronas. Estas personas, también presentan una mayor plasticidad de aprendizaje para generar conexiones nuevas y un pensamiento divergente, que permite aportar mayor creatividad y mayor capacidad de respuesta o soluciones para un único problema. Más eficacia en el mismo espacio.

La era de las neurociencias

Actualmente, este campo de estudio está en auge y aún queda mucho por descubrir sobre el funcionamiento de nuestro cerebro.

Algunos científicos, aportaron unas primeras vías de aproximación que fueron esenciales para comprender qué hay en nuestras cabezas. Brevemente, porque podéis encontrar muchos datos en infinidad de bibliografía en muchas fuentes, os resumo algunos hitos.

Golgi bulbo olfatorio
Dibujo de Camillo Golgi (1975) de bulbo olfatorio de perro observado con su tinción de cromato de plata

Las primeras aproximaciones al estudio del tejido cerebral podríamos decir que aparecieron de la mano del científico británico, Robert Hooke, que observó muchos tejidos vivos y publicó su obra Micrographia en 1665. Sus descubrimientos asentaron las bases de que la unidad mínima de todos los organismos vivos es la célula. Sin embargo, al microscopio, el tejido cerebral no era fácil de estudiar, hasta que se logró la tinción adecuada para su observación. Fue el científico italiano, Camillo Golgi, quien en 1873 inventó una tinción de cromato de plata que permitió observar la particular forma de las células del sistema nervioso. Esta tinción, fue crucial para un científico, que realizó grandes avances en la neurobiología, Santiago Ramón y Cajal, gran dibujante y aficionado a la fotografía, se entusiasmó al descubrir esta técnica de tinción. Gracias a ella y a sus observaciones perseverantes, describió con gran detalle numerosas regiones del sistema nervioso, así como su desarrollo embrionario. Cajal se percató de que las neuronas eran unidades discretas, y no se conectaban para formar el tejido como en otros órganos. Posteriormente, la aparición del microscopio electrónico, confirmo la separación sináptica que existe entre las neuronas y corroboró la hipótesis de Cajal.

células piramidales de hipocampo
Células piramidales del hipocampo fotografiadas de una preparación histológica realizada por Ramón y Cajal con tinción de Golgi de cromato de plata.  Juan A. De Carlos/ Instituto Cajal

 Unos años después, empezaron estudios sobre su funcionamiento y fisiología, que esclarecieron su lenguaje mediante el impulso eléctrico, la propagación del potencial de acción, la existencia de neurotransmisores y las primeras evidencias de circuitos neuronales.

“Cuando entendamos el cerebro, la humanidad se entenderá a sí misma”

Rafael Yuste

áreas del cerebroActualmente, existen mapas dinámicos donde se han localizado áreas del cerebro destinadas a diversas habilidades. Las actuales técnicas de neuroimagen persiguen obtener un atlas con un mapeo completo y estudiar la conectómica, o lo que es lo mismo, un mapa de las conexiones neuronales. Un reto que permitirá tanto descifrar secretos de nuestra mente, como avanzar en la cura de enfermedades como el cáncer, epilepsia, trastorno de depresión mayo, Alzheimer o Parkinson, entre muchas otras.

 

Bibliografía

Arsuaga, J.L., Martínez-Mendizabal, I. (1998) La Especie Elegida. Editorial Booket-Ciencia. 2ª Edición (2009). Cap4, pag 89-11, Cap 7 pag 159-180.

de Felipe, J. (2005). Cajal y sus dibujos: ciencia y arte. Arte y Neurología, CSIC. 18: 213-230. Disponible en: http://digital.csic.es/bitstream/10261/12879/3/Cajal_Art.pdf.

Hernando, A. (2014). La neurociencia estadounidense rinde homenaje a Santiago Ramón y Cajal. Tecnoxplora. Disponible en: http://www.tecnoxplora.com/sinc/la-neurociencia-estadounidense-rinde-homenaje-a-santiago-ramon-y-cajal_2014110757fcac310cf2a2e945ba27d0.html

Vioscá, J (2017). El Cerebro. Descifrar y potenciar nuestro órgano más complejo. National Geographic, colecciones RBA Las Fronteras de la Ciencia. 1ª Edición.

 

 

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