Conoce a los árboles I: Introducción

Inicio una serie de entradas en la categoría Botánica con la finalidad de aprender a identificar los árboles de nuestro entorno. En esta primera entrada me centraré en algunos aspectos generales que nos ayudarán a poner en práctica conceptos sencillos para averiguar ante que árbol nos encontramos. Para no perder la filosofía de este blog, también encontrareis algunas curiosidades sobre los árboles.

Evolución y clasificación de los árboles

Se calcula que los árboles llevan habitando la Tierra desde hace 370 millones de años. Ocupan alrededor de 1/3 de la superficie terrestre que incluye tierra firme y se han catalogado más de 80.000 especies.

Fuente: www.keywordsuggest.org
Salix arctica, el sauce ártico es la especie de árbol más pequeña conocida
Fuente: http://www.keywordsuggest.org

Estas especies son diferentes en muchos aspectos y si nos centramos por ejemplo en su tamaño, encontramos desde pequeños sauces árticos de apenas unos centímetros, hasta las secuoyas gigantes que pueden llegar a alcanzar los 113m.

Los árboles, son además los organismos vivos más longevos. Contamos con ejemplares vivos con más de 4.500-5.000 años. También los más grandes, no solo por altura si no por el peso que pueden llegar a alcanzar las 1.500t.

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Sequoiadendron giganteum. Imagen tomada de los jardines del Palacio Real de la Granja de San Ildefonso en Segovia (mayo 2017)

Los árboles se distinguen del resto de plantas por su tallo leñoso, además de contar con raíces y ramas que no se marchitan cada invierno. Su capacidad de crecimiento le permite competir (y ganar) a las plantas herbáceas en la obtención de uno de los principales recursos que requieren las plantas, la luz solar. Al desarrollar las ramas y el tronco pueden abarcar mayor superficie y sin que otras le hagan sombra. Por otro lado, presentan unas raíces muy desarrolladas que les garantizan alcanzar incluso la humedad del subsuelo donde las plantas herbáceas ni aspiran a llegar. En adición, su gran tamaño y estructura les favorece para almacenar nutrientes de reserva y sobrevivir grandes períodos de escasez. Todo este conjunto, ha permitido que los árboles sean tan exitosos y sobrevivan con esa altísima esperanza de vida y durante tantos millones de años sobre la faz de la Tierra.

La aparición de los árboles marcó un hito en la historia de la Tierra, ya que la extensión de los primeros bosques (el árbol más antiguo conocido es Archaeopteris) a finales del período Devónico (Hace 417 – 360 millones de años) permitieron que la cantidad de oxígeno de la atmósfera aumentara drásticamente y favoreciera la evolución de nuevos animales terrestres. Durante el período Carbonífero, hubo una gran radiación de especies arbóreas coníferas o gimnospermas, parientes de los actuales pinos, cedros, abetos, tejos, etc, árboles con flores desnudas (sin pétalos) y con frutos en piña. Las plantas angiospermas con “flores verdaderas”, aparecieron a finales del Mesozoico, durante el período Cretácico (hace 144-65 millones de años).

 

Identificación, ¿Qué observamos?

Hojas

Está claro que la hoja es uno de los elementos más distintivos de las plantas. Existen muchas formas de hojas e incluso algunas particularidades que te harán identificar de un plumazo que árbol es, sin tener que mirar nada más.

En internet puedes encontrar infinitud de guías e imágenes que clasifican las hojas pero aquí voy a resaltar algunos detalles para observar:

  1. Si son hojas simples u hojas compuestas: ¡Ojo! muchos árboles presentan una hoja compuesta por varios foliolos. Para diferenciarlas, si te fijas en las hojas compuestas todos sus foliolos se unen a un peciolo común que surge de una única yema.

Ejemplos de árboles de hoja compuesta: fresno (Fraxinus sp.), sófora (Sophora japonica), falsa acacia (Robinia pseudoacacia), ailanto (Ailanthus altissima), castaño de indias (Aesculus hippocastanum), cinamomo (Melia azedarach), etc.

Ejemplos de árboles de hoja simple: Roble (Quercus robur), encina  (Quercus ilex), pinos (Pinus sp.), tejo (Taxus baccata), castaño (Castanea sativa), plátano de paseo (Platanus hispanica), Higuera (Ficus carica), Morera (Morus alba), eucalipto (Eucalyptus camaldulensis), etc.

 

2. Forma, borde y nerviación de la hoja. Existen en internet varias clasificación, esta que he elegido es una imagen en abierto para compartir y que ilustra muy bien la gran variedad de formas en las hojas. Cada forma además puede asociarse a un borde y nerviación diferente.

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3. Detalles particulares de algunas hojas. Algunos árboles son muy fáciles de identificar por pequeños detalles en las hojas que los hacen muy particulares. Dos ejemplos muy visuales son el Olmo y el Haya.

El Olmo (Ulmus sp.) tiene una hoja asimétrica en la base, es decir, donde la superficie de la hoja se sujeta al peciolo no se unen en el mismo punto por un lado que por otro.

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Ulmus minor
Autor y Fuente:  Jose María Escolano, https://www.flickr.com/photos/valdelobos/4620616653

El Haya (Fagus sp.) tiene una hoja con un peculiar borde velloso, que se puede ver bien al trasluz, es curiosos porque sólo presenta este vello en el borde de la hoja y no a lo largo del haz o el envés.

Fagus selvatica
Fagus selvatica

Flores y Frutos

Las flores son los órganos sexuales de las plantas. Puesto que los árboles no pueden moverse para realizar esta reproducción y buscar pareja influyen otros factores en la polinización de las flores, así cómo en la dispersión de los frutos y semillas.

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Abejorro acechando a una flor papilonácea

Los principales agentes polinizadores son el viento y los insectos, que acuden a las flores a alimentarse de su néctar o atraídos por su forma. Algunas flores, cómo las papilonáceas se asemejan a la forma de insectos y esto se ha seleccionado evolutivamente porque han favorecido el señuelo de insectos macho que las confunden por “insectos hembra” y se acercan, llevándose luego impregnado el polen ¡que lo reparten luego de flor en flor!

También, pueden participar aves y mamíferos en la polinización, a todos se nos viene a la cabeza en este caso a los colibríes volando estáticos mientras chupan el néctar de las flores, llevándose impregnado el polen y repartiéndolo en las flores donde va posándose. Más llamativo es el caso de las jirafas, que ayudan en la polinización de las flores de Acacia nigrescens.

En el caso de la dispersión de frutos, muchas veces también intervienen animales casi de manera simbiótica (es decir, el árbol ayuda al animal y el animal ayuda al árbol). El árbol provee a los frutos de una cubierta carnosa, con la finalidad primera de tener reservas para la semilla, pero también son atractivas para muchos animales, que los cogen y luego dispersan las semillas al tirar los restos del fruto o a través de sus heces. Algunas semillas incluso necesitan el paso por el tracto intestinal de algunos animales para activarse y germinar una vez se encuentren en el exterior. Incluso, las heces les proporcionan el abono perfecto. Algunos árboles utilizan otras técnicas, como tener una cubierta pinchosa que se adhiere fácilmente al pelaje de los animales y “viaja” con ellos, para al final caer y dispersar así la especie.

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Fruto en sámara de arce (Acer sp.)

Otros utilizan el viento, como por ejemplo, los fresnos, olmos, arces, ailantos y otros árboles con un tipo de fruto que llamamos en sámara. Tiene forma alada y literalmente planea hasta posarse en el suelo más despejado y algo retirado de su “Árbol madre” con el fin de tener más oportunidad de crecer y no competir por los recursos.

 

Tallo

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Corteza de Abedul (Betula alba)

En ocasiones, los árboles tienen un tronco que presenta una corteza bastante distintiva, y esto nos puede ayudar en su identificación, aunque es mejor si podemos contrastarlo con las hojas, flores y frutos para estar seguros.

Aunque los veremos cuando esten las entradas de estos árboles concretos, algunos de estos ejemplos pueden ser el alcornoque (Quercus suber), el árbol del cual se extrae el corcho natural, el abedul (Betula alba), que tiene una corteza blanca con un tramado rayado bastante característico, el plátano de paseo (Platanus hispanica) que tiene una corteza con colores de “camuflaje” o el tejo (Taxus baccata), que tiene una corteza marrón-rojiza, con escamas como si se resquebrajase.

 

Entorno

Sorprendentemente, a veces cuando no sabemos identificar el árbol en sí, mirar su entorno, el suelo a su alrededor nos puede dar algunas pistas. Personalmente, en mi última excursión por el valle del Tiétar en Piedralaves (Ávila) pude experimentar esto, cuando me topé con un árbol que me pareció cuanto menos centenario. Desgraciadamente, no tenía en ese momento del año aun hojas, ni flores, ni frutos. Su corteza no me parecía tampoco peculiar y no sabía exactamente que árbol podía ser. Entonces, miré hacia el suelo alrededor y estaba plagado de la extraordinaria envuelta de sus frutos ¡Las castañas! Así que me encontraba, admirando un precioso castaño (Castanea sativa)

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Bibliografía

Russell, T.,Cutler, C y Walters, M. 2013. Enciclopedia ilustrada de Árboles de España y del Mundo. Ed Tikal. 

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